Problemas concernientes a los pseudoaliados
0.
Me aproblema la gente que, al mismo tiempo, dice querer una cultura empoderante y no hace nada para acelerar el advenimiento de la misma.
El problema no viene de que me moleste que sean así, sino de que me resulta difícil determinar hasta qué punto se trata de un efecto la cultura desempoderante en la que vivimos y hasta qué punto se trata de un simple autoabandono o flojera. Dar con una solución a este problema haría más fácil poner una vara para separar a quienes vale la pena tomar en cuenta hoy en día. (Estamos a contrarreloj. Tal vez, en la actualidad, la vida está más energéticamente costosa que nunca; sumado esto a que la cultura actual nos quiere muertos).
1.
Como se sabe, en contraste a su definición negativa (deseamos la cosa porque no la tenemos), la definición positiva del deseo ——hacemos la cosa porque la deseamos—— implica que nuestros actos siguen una necesidad imperativa que no proviene precisamente de nuestra consciencia ——más allá de lo que esta última pueda influir en dicha necesidad—— toda vez que hacemos muchas cosas que nuestra consciencia rechaza o reprueba. Nuestro deseo, el imperativo de que hagamos lo que hacemos, es más sincero que nuestras palabras y que nuestros pensamientos verbalizados. Aquí la mitad, uno de los ojos sobre el problema.
Pero la gente dice, a consciencia, que quiere una cultura más empoderante. Obviamente, nuestra cultura actual, en Chile, está fundada en un deseo explícito por desempoderar, empobrecer y explotar, que lamentablemente se encuentra en marcha, sobre nosotros y a nuestro alrededor, desde antes incluso que podamos tomar consciencia de él. “No podemos hacer nada; no nos queda tiempo ni energía” —— dicen algunos, no sin justificación social… ¿Pero, precisamente, no se tratará de hecho de una justificación culturalmente instaurada, de una justificación instaurada por la misma cultura desempoderante, que oculta que realmente no se está descansando ni en recuperación, sino en un puro consumo que hace de segunda jornada laboral? Aquí la segunda mitad, que es indecidible, toda vez que no tiene sentido meterse en la vida personal de la gente… Lo social sólo se puede observar con visión de tuerto.
2.
No creo que ignorar a la gente sea un acto en su desmedro. Tener un corazón indulgente no se extiende hasta la escena en la que uno mismo se deja ensuciar con la estupidez de los demás.
3.
La lógica de las relaciones sociales que se funda en la primacía del consumidor es un fenómeno puramente humano; y uno de los mayores insultos a los mismos. Pero también se trata de uno de los logros más infames de la cultura occidental, la cual fue la primera en instaurarla a nivel intercultural: a tal punto que ha llegado hasta nuestra casa, a la de quienes sólo somos medianamente occidentales.
En su interés por blindar la imagen del filósofo, Platón puso en la historia el modelo tripartito sobre la dignidad en la cadena de las cosas que se hacen y que se quieren. Quien prima es el Usuario, el consumidor, quien realmente sabe de qué va la cosa. Tras él o, más bien, por debajo de él viene el Artesano, el técnico, quien no sabe de qué va la cosa, pero que tiene la opinión correcta ——la ortodoxia—— que sigue lo que ordena el Usuario. Y finalmente está el Artista, quien simplemente hace juguetes y simulacros, copias ingenuas de cosas que la naturaleza hace con más perfección, una segunda naturaleza degradada.
Este cuento famoso generalmente se usa para señalar la injustificada infamia del arte en épocas antiguas. Pero pocas veces se repara en su problema real: a saber, que la diferencia de naturaleza entre la producción del Artesano y la producción del Artista sólo se establece con la aparición de un Consumidor —— de un tercero que, sin tener conocimiento sobre cómo se hacen las cosas ni interés en hacerlas, estima sin embargo que sabe qué es lo más conveniente respecto a las mismas. (Como se sabe, en griego el término para “arte” y para “técnica” era el mismo: tecné. Si bien posteriormente decantó en una distinción de naturaleza ——lo artístico y lo técnico no son lo mismo—— en un principio, la distinción entre ars poética (tecné + poiesis) y ars técnica (tecné + tecné), de donde vienen nuestras concepciones de “arte” y de “tecnología”, radicaba más bien en el imperativo que encausaba la producción ——¿se obedece a lo intelectual o a lo sensual?—— y no a la producción per se).
4.
Se vuelve difícil sostener, afirmar la idea de que quienes no la construyen ——de que quienes no crean los medios, ni las plataformas, ni las instancias; y que ni siquiera se dan el tiempo de participar en lo anterior—— realmente quieran, realmente deseen una sociedad más empoderante. Si lo que quieren es puramente vivir en ella, gozarla, consumirla, entonces no tiene sentido considerarles en lo que concierne a construir, hacer y crear una sociedad empoderante.
5.
Me gustaría creer que estoy equivocado en esto. O, más bien, eso me veo volcado a creer cuando no le presto la suficiente atención. Pues, en primer lugar y precisamente, todo esto me aproblema porque tengo razón y porque, en tanto que tengo razón, el homúnculo socializado que la cultura intenta crecer en mí se enfrenta a mis pensamientos más sinceros —— como le ocurre a toda la gente, en todo caso.